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lunes, 7 de diciembre de 2009

Rompiendo contra las rocas

Miro hacia abajo. Y sólo unos centímetros más allá de los dedos de mis pies está el mar. Rompiendo contra las olas plácidamente. Los días en los que el viento sopla de poniente son los mejores, pienso.
Mientras estoy ahí de pié, intentando decidir con el corazón en un puño, oigo el rumor de las olas, los graznidos de las gaviotas que revolotean cerca de mi cabeza. Noto el aire caliente de agosto y el sabor de la sal en el ambiente.
¡Detengo mi corazón! ¡Cojo impulso y...! Oigo el estruendo del aire en mis oídos y el cada vez más cercano mar que se mueve como un animal hambriento dispuesto a engullirme por completo. El pulso se acelera y entonces... Todo se para. Y por una fracción de segundo puedo verlo todo. Y después la oscuridad, el frío y la vuelta a la realidad...

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